Programa PP
Siempre has sido de derecha o ultraderecha,
aunque te enmascares como de centro.
Eres liberal, por supuesto interpretado como que los de siempre
hagáis lo que os dé la gana.
Eres conservador, en el bien entendido sentido de guardar el
patrimonio de los pudientes.
Crees en el déficit cero congelando los innecesarios gastos
sociales con alternativas privadas.
Menos impuestos directos para aumentar los indirectos que también
pagan los pobres.
Consideras que es posible otra victoria triunfal sobre la
desordenada periferia autonómica.
Supones que la concentración totalitaria de poderes bajo una sola
mano te da seguridad.
Todos los que no piensan como el PP son antipatriotas,
anticonstitucionales y filo-terroristas.
Candidato Rajoy
Optas por un candidato elegido a dedo, para
que todo sigua atado y bien atado.
Prefieres un presidente que huya de los debates electorales por su caudillista
designación.
Valoras su acreditada experiencia en mentir con descaro ante los negligentes
desastres.
Apoyas al aspirante más blandengue que siempre será más receptivo… a los
poderes fácticos.
Alternativas
Si por alguna extraña razón decides que el
PP no te conviene, la ley de Hont sólo te permite disyuntivas viables de voto
útil con representación parlamentaria en los partidos grandes: PSOE, IU en
provincias grandes de más de un millón de habitantes y con más de cinco
diputados, CIU o ERC en Catalunya, PNV en la Comunidad Autónoma Vasca, Nafarroa
BAI en Navarra, BNG en Galicia u otros partidos nacionalistas implantados en
otras autonomías (Andalucía, Canarias, Aragón, Valencia, Baleares,…).
El resto de votos hacia otras candidaturas
minoritarias van directamente a la papelera, conduciendo al PP a una tercera
legislatura de poder absoluto que ejercería con la misma saña que ya ha
demostrado en recorte de libertades y en regresión democrática. Y la culpa no
será del PP, que no oculta sus intenciones, sino de los votantes pusilánimes
engañados desde la feroz manipulación ejercida por esa mayoría de medios de
comunicación comprados con privatizaciones de empresas públicas que cimentamos
históricamente todos los contribuyentes.
Confiemos en Abraham Lincoln cuando aseguró
que “se puede engañar a todo el pueblo algún tiempo y a alguna parte del pueblo
todo el tiempo, pero no se puede engañar siempre a todos”. Pensemos,
recapacitemos, no seamos de los que gritan ¡Vivan las cadenas!